Cada vez que mi esposo y yo viajamos fuera del país, hay algo que me llama la atención porque cruza...
Pedro camina sobre el agua
¿Qué haces cuando tienes miedo? Empieza por ver lo que hizo Jesús en el libro de Mateo, en la Biblia. Pedro caminó sobre el agua y luego empezó a hundirse. Jesús no esperó a que se calmara solo ni a que terminara de aprender la lección. Jesús extendió su mano en seguida. Esa sola expresión contiene toda la respuesta a la pregunta acerca del miedo, y aparece más de una vez en esta historia.
Este verano, algunos de mis hijos intentaron hacer esquí acuático por primera vez. Nuestros hijos son bastante buenos para los deportes, pero en este primer intento no les fue... nada bien. Les costó levantarse del agua. Les costó confiar en que la lancha los jalara, y también les costó comunicarse con el que manejaba la lancha. Las olas, el viento, las dudas, la frustración y la gravedad se sentían con toda su fuerza. Por eso creo que mi discípulo favorito, Pedro, los entendería, y él ni siquiera tuvo la ventaja de unos esquís extra anchos para caminar sobre el agua. Esta es la historia del libro de Mateo:
“En seguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se le adelantaran al otro lado mientras él despedía a la multitud. Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo, y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario.
En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados.
—¡Es un fantasma! —dijeron.
Y llenos de miedo comenzaron a gritar.
Pero Jesús dijo en seguida:
—¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo.
—Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua.
—Ven —dijo Jesús.
Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó:
—¡Señor, sálvame!
En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió:
—¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
Cuando subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca lo adoraron diciendo:
—Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios” (Mateo 14:22–33).
¿Por qué se hundió Pedro cuando caminó sobre el agua?
Podríamos leer esta historia y pensar: “¡Ay, por favor, Pedro! ¡Claro que Jesús es el Hijo de Dios! Ayer nada más alimentó a más de cinco mil personas con unos cuantos panes y pescados. Una mujer tocó su manto y fue sanada. ¡Lo has visto expulsar demonios! ¡Qué poca fe, de verdad!”.
¿A qué le tenían miedo realmente los discípulos?
Pero recordemos lo que acababa de pasar a su alrededor. Poco antes, a Juan el Bautista lo habían decapitado. Los romanos eran cada vez más duros con los judíos. Seguir a Jesús no era todo alegría y milagros. Estaban pasando cosas serias y aterradoras. Había gente mala de verdad. Peligros de verdad.
Era muy temprano, después de un día largo y una noche todavía más larga en una barca. Lo más probable es que ninguno de los discípulos hubiera dormido bien. Estaban cansados de viajar y cansados de la gente. Y no olvidemos esa cosa llamada gravedad. ¿Te imaginas saltar de una barca pensando que puedes caminar sobre el agua así nada más? Es difícil ir en contra de nuestra lógica y de lo que sabemos sobre cómo funcionan las fuerzas del mundo. No creo que a ninguno de nosotros le hubiera ido mejor que al atrevido e impulsivo de Pedro. Vale la pena recordarlo cada vez cuando se usa la historia de Pedro caminando sobre el agua como ejemplo de cómo no tener fe.
¿Cómo mantenemos la mirada en Jesús cuando tenemos miedo?
Nosotros también tenemos cosas pasando en nuestra vida. Peligros de verdad. Gente mala de verdad. Muchas veces estamos cansados, estresados y preocupados. ¿Qué tal nos va caminando sobre el agua? ¿Manteniendo la mirada fija en Jesús? ¿Confiando en Él cuando el viento sopla más fuerte y las olas nos golpean las piernas? ¿Escuchándolo cuando nos dice: “Ven”, “¡Cálmate!” y “se valiente”?
No muy bien. Somos mucho más buenos para dudar. De hecho, somos expertos en distraernos con las tormentas que nos rodean. Al igual que los discípulos, no somos muy buenos para reconocer a Jesús cuando viene hacia nosotros. “Señor, si eres tú...”. Una duda así no es el fin de la fe, y el Pastor Mike lo explica muy bien en Jesús: la versión extendida: luchando con la duda.
¿Qué hace Jesús cuando tenemos miedo? Actúa en seguida
¿Pero te fijaste en lo que hizo Jesús? ¿Y te fijaste en la expresión importante que se repite varias veces en este capítulo? Cuando se acercó a ellos y se dio cuenta de que tenían miedo porque pensaban que era un fantasma, Jesús en seguida les aseguró quién era y les recordó que no tenían por qué tener miedo. Y otra vez, cuando Pedro tuvo miedo y empezó a hundirse, Jesús en seguida le tendió la mano para sujetarlo. En seguida. No los dejó preocupados en la barca antes de mostrarles quién era. No dejó a Pedro hundiéndose bajo las olas unos minutos hasta que aprendiera la lección. Jesús estaba ahí: ayudando, dando ánimo, salvando. En seguida.
Y también está ahí para nosotros. En seguida. Aun cuando tenemos poca fe. Aun cuando no lo reconocemos. Aun cuando nos fijamos en los peligros en vez de en nuestro Salvador. Él sigue salvando. Sigue rescatando. Nos levanta, nos pone de pie una y otra vez y nos dice que vengamos a caminar sobre el agua. Con Él.