Saltar al contenido
Time of Grace en Español

¿Dios está cuidando de mí en este momento?

¿Dios está cuidando de mí en este momento? No solo cuando te encuentras en una crisis o cuando te acuerdas de pedirselo. Dios sostiene tu vida hoy, en esas horas comunes y corrientes en las cuales nada parece ser una emergencia. La mayoría de los cristianos estaría de acuerdo con esa frase sin dudarlo, porque ya creemos que Dios tiene el control de todas las cosas. Pero creer de verdad que Él te está cuidando ahora mismo es más difícil, y es fácil no ver la distancia que hay entre una cosa y la otra.

¿Qué promete la Biblia sobre cómo Dios me cuida?

Hace poco salí a caminar y me puse a pensar en una decisión importante que mi esposo y yo ya veníamos conversando antes. Esa decisión podía sacudir por completo nuestra vida familiar y no estaba segura cómo me sentía yo al respecto.

A medida que las cuadras quedaban atrás, pensé: “Bueno, aunque elijamos el camino más arriesgado, Dios nos va a cuidar. ¡No nos va a dejar colgados!”. Me consuela pensar en este pasaje de la Biblia: “Podrá tropezar, pero no caerá, porque el Señor lo sostiene de la mano. He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justos en el abandono, ni que sus hijos mendiguen pan. Prestan con generosidad sus hijos son una bendición” (Salmos 37:24–26).

Fortalecida por esas promesas de Dios, volví a casa con paso ligero, pero justo entonces me cayó el famoso balde de agua fría.

¿Dios me está cuidando ahora mismo o solo en una crisis?

Casi me detuve en seco cuando me di cuenta de que había estado creyendo una pequeña herejía, sutil y escurridiza.

Verás, mientras pensaba en tomar un gran riesgo en mi vida, creía de corazón que Dios aparecería y me ayudaría en un momento de problemas o de dificultad, real o de manera imaginaria. No hay nada malo en eso. Pero ¿quién creía yo que me estaba cuidando ahora mismo?

Pues... ¡yo, por supuesto!

Si cualquier día de mi vida me hubieras preguntado directamente: “¿Crees que Dios tiene el control de todas las cosas?”, te habría respondido, por supuesto, “¡Sí!”. ¡Y lo creo!

Pero, sin que yo misma me diera cuenta, en lo más profundo de mi corazón una parte de mí creía que era yo quien me estaba cuidando en este momento. Después de todo, yo gano mi propio dinero. Yo me hago cargo de mi propia casa. Yo cuido mi propia salud. Yo crío a mis propios hijos. Yo cuido mi propio matrimonio. Yo atiendo mis propias relaciones personales. Ahora mismo soy yo la que me cuido, y solo en una crisis Dios intervendría para ayudarme, ¿verdad?

Falso.

Por qué depender de uno mismo es una forma silenciosa de soberbia

Es muy fácil caer en una actitud de soberbia en el corazón, como me pasó a mí. Aun cuando estamos en nuestro mejor momento y nos esforzamos al máximo, no podemos escapar del hecho de que somos seres humanos pecadores. Como dice Isaías 64:6: “Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia”.

El diablo se esfuerza muchísimo durante nuestra vida en esta tierra para robarnos la fe y alejarnos de nuestro hogar prometido en el cielo, de maneras tanto escandalosas como sutiles y traicioneras. Él “ronda como león rugiente” (1 Pedro 5:8) y hace que lo bueno parezca malo y lo malo parezca bueno, porque “Satanás mismo se disfraza de ángel de luz” (2 Corintios 11:14).

¿Cómo dejo de confiar en mí y empiezo a confiar en Dios?

El mundo premia las actitudes soberbias y arrogantes, y es difícil no dejarse influir por la cultura que nos rodea. En 1 Juan 2:16 se nos recuerda de dónde viene esa actitud tan desagradable: “Porque nada de lo que hay en el mundo—los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida—proviene del Padre, sino del mundo”.

Aléjate de todo eso. El diablo, el mundo y nuestro propio corazón nos tientan a apartarnos de Dios, así que huye de estas cosas. Huye de la soberbia. Abraza la humildad, aunque el mundo piense que es una tontería. Nunca olvides que Dios es el único que hace posible la vida diaria. El mérito no es nuestro; Dios merece la alabanza por todo lo bueno que hay en nuestra vida. Como dice el salmista: “La gloria, Señor, no es para nosotros; no es para nosotros, sino para tu nombre, por causa de tu amor y tu fidelidad” (Salmos 115:1).

Todo lo bueno en mi vida viene de Dios

Dios es el único que puede bendecirte con un empleo, un hogar, salud, hijos, matrimonio, familia y amigos. Cada día, Dios te da aire en los pulmones, vida en el cuerpo y sangre que corre por tus venas. Pero no solo eso: te amó tanto que permitió que su Hijo, Jesús, enfrentara la sentencia de muerte que tú y yo merecíamos, para que podamos pasar la eternidad en un mundo donde ya no habrá llanto, ni muerte, ni dolor.

Nuestro corazón soberbio no merece más que la muerte, pero Dios está tan locamente enamorado de nosotros que nos regaló un boleto gratis al cielo, pagado por Jesús sobre sus propios hombros, y nos guía y nos sostiene cada segundo de nuestra vida.

Dios te está cuidando ahora, y siempre lo hará

Arrepiéntete junto conmigo y recuerda que Dios tiene el control de todas las cosas, grandes y pequeñas. Él te está cuidando ahora, te cuida si decides tomar un riesgo, y nunca se apartará de tu lado hasta que algún día lo veas cara a cara en el cielo.

¡Alabado sea Dios!