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Time of Grace en Español

¡Vive!

Hace poco tomé café con una amiga que está saliendo de una temporada muy difícil en su vida. Después de todo lo que ha pasado, se quedó con una sola palabra: ¡Vive!

Hace unas semanas, mi familia terminó de leer el libro de Eclesiastés. Después de analizar su vida y buscar sentido solo para terminar decepcionado una y otra vez, el autor llegó a esta conclusión:

“Anda, come tu pan con gozo y bebe tu vino con alegre corazón, porque Dios ya ha aprobado lo que haces. Viste siempre de blanco y no dejes de perfumar tu cabeza. Disfruta la vida con la mujer que amas todos los días de esta vida fugaz que Dios te ha dado bajo el sol—todos tus días pasajeros—porque esa es tu recompensa en la vida y en el trabajo con que te afanas bajo el sol. Todo lo que te venga a la mano para hacer, hazlo con todas tus fuerzas, porque en el sepulcro, adonde vas, no hay trabajo, ni planes, ni conocimiento, ni sabiduría.” (Eclesiastés 9:7–10)

Y también:

“Teme a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre.” (Eclesiastés 12:13)

O, en palabras de mi amiga: ¡Vive!

Come bien. Disfruta lo que bebes. Ponte esa ropa. Disfruta a tu pareja, a tus hijos, a tus vecinos, a tus amigos. Haz lo que es correcto y agrada a Dios. Sueña en grande y lánzate con todo a lo que tengas delante. ¿Por qué no? Como nos recuerda Eclesiastés una y otra vez, cada día estamos un poco más cerca de la muerte. El tiempo es limitado, así que este es el momento de vivir.

No te estoy diciendo que renuncies a tu trabajo y te compres un barco (aunque si lo haces, avísame), ni que empieces a patinar sobre hielo con la esperanza de ser la próxima Alysa Liu. Lo que sí te estoy diciendo es que empieces a hacer esas cosas que siempre dices que harás “algún día”.

Reúnete con tu vecino. Empieza un estudio bíblico. Sal a cenar con amigos. Construye ese espacio para fogatas en tu patio. Lee ese libro sobre cómo hacer masa madre. Di que sí a ese amigo que te invita a una conferencia, a un concierto o a una clase. Ora en grande por el reino de Dios: que el Espíritu Santo despierte fe en ese vecino que no cree, que los que se han alejado regresen a casa, que las iglesias alcancen a los que están perdidos y que la Palabra de Dios llegue a lugares donde aún no ha llegado.

Haz algo que siempre has dicho que harías. Sirve. Involúcrate en la obra de Dios con oración y acción. Hoy es tan buen día como cualquier otro para empezar. ¿Quién sabe qué puertas puede abrir Dios?

Y aun si no resulta como esperas, al menos ya no te quedarás con la duda de qué habría pasado. Y estoy segura de que en el camino aprenderás lecciones valiosas y conocerás personas increíbles.