¿Sabías que la esperanza de vida promedio en los Estados Unidos, según WorldData, es de 74.5 años...
Con nosotros aquí, allá y por siempre
¿Conoces el relato bíblico del nacimiento de Jesús? Si no, te animo a leerlo en Lucas capítulo 2. Incluye un censo, un viaje a Belén con una mujer muy embarazada llamada María y su prometido José, y el nacimiento del Salvador en condiciones realmente humildes. ¡Increíble!
Pero no puedo evitar preguntarme qué oraciones estarían haciendo María y José en ese camino a Belén. Si María era algo como yo, seguramente oraba así:
Ayúdanos a llegar con bien.
Que lleguemos antes de que nazca el bebé.
Que no se me olvide nada importante.
Ayúdanos a encontrar dónde quedarnos al llegar.
Estoy casi segura de que un establo, una cueva o el espacio donde se guardaban los animales no estaba incluido en su plan de parto. Y también dudo mucho que su plan incluyera a un grupo de pastores llegando directo del campo para ver a un bebé que tenía apenas horas de haber nacido.
Es difícil cuando nuestras expectativas no coinciden con la realidad, cuando los planes que creíamos tener bajo control, de pronto se salen completamente de nuestras manos. Es difícil porque queremos creer que sabemos cuáles son los planes de Dios para nuestra vida… y queremos que esos planes coincidan con los nuestros.
Y, sin embargo, en su voluntad soberana, muchas veces Dios nos lleva a lugares donde no queríamos estar. Y en medio del desorden, es fácil pensar que Dios “salió del escenario”, de la situación y de nuestra vida, como si se hubiera olvidado de nosotros y del plan.
Pero no es así. Muchas veces solo al mirar hacia atrás —a veces años después— podemos ver con claridad lo que Dios estaba haciendo. Y otras veces simplemente tenemos que confiar en que Él sí estaba ahí, incluso cuando no entendemos cómo.
Cuando las cosas empiezan a desmoronarse, hay tres verdades a las que he aprendido a aferrarme para volver a ubicarme:
La escritora cristiana Corrie ten Boom dijo una vez:
“He aprendido a sostener todas las cosas con ligereza, para que Dios no tenga que arrancarlas de mis manos.”
Tenemos tan poco control… por eso es importante saber qué es eterno y qué no. Los trabajos van y vienen. Los amigos se mudan. Las personas mueren, y un día nos tocará a nosotros también. Pero la Palabra y las promesas de Dios permanecen. Aun cuando todo lo demás se desvanezca, Él sigue siendo fiel. Dios siempre está ahí, lo sintamos o no.
01 Dios ve y conoce cada detalle de nuestra situación. A veces las cosas parecen injustas. Hay personas que no se preocupan o que no buscan nuestro bien. Pero Dios ve nuestros corazones. Como hijos suyos, lo honramos cuando decidimos amar, perdonar y confiar en que Él sí tiene un plan. Él entiende todo por completo, incluso cuando nosotros no.
02 Todo puede cambiar en un instante. Muchos recordamos momentos en los que, de repente, todo empeoró. Pero si hoy las cosas no van bien, también es bueno recordar que, en un instante, todo puede mejorar. No sueltes la esperanza.
03 Todos atravesamos tiempos caóticos. Vivir en un mundo marcado por el pecado garantiza que esos momentos llegarán. Pero cuando atravesamos el caos y luego miramos hacia atrás, muchas veces Dios abre nuestros ojos para ver cómo Él estuvo proveyendo todo el tiempo.
El evangelista Mateo quería que no olvidáramos esto cuando escribió:
“‘La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel’ (que significa: ‘Dios con nosotros’)” (Mateo 1:23).
Dios con nosotros es un nombre precioso. Y es un recordatorio aún más hermoso de que Dios está con nosotros siempre y para siempre: aquí, en medio de la locura de esta vida, y un día, gracias a Dios, por la eternidad con Él.