El problema del sufrimiento y de la maldad son de las acusaciones más desafiantes en contra de la...
La fuerza oculta detrás de la violencia… y lo que puedes hacer al respecto
Nunca olvidaré dónde estaba el 20 de abril de 1999. Yo era estudiante de segundo año de secundaria y acababa de terminar la práctica de golf. Mi papá me recogió en su sedán blanco, un Buick. Fue él quien me dio la noticia: dos estudiantes habían entrado a la escuela secundaria Columbine, en Colorado, Estados Unidos, y habían asesinado trágicamente a 12 estudiantes y a un maestro, hiriendo a 23 personas más.
Quedé impactado.
En ese momento, parecía impensable.
Lamentablemente, los tiroteos masivos ya no son algo raro. Durante las últimas dos décadas, personas malvadas han imitado y aumentado estas atrocidades. La violencia ha crecido en frecuencia y destrucción. A medida que los titulares siguen acumulándose, nos preguntamos si realmente hay algo que podamos hacer.
¿Cuál es la raíz de tanta maldad?
En muchos casos, quienes cometen estos actos comparten características similares: problemas mentales sin tratar, aislamiento profundo, cultura tóxica en línea, ideologías extremistas y resentimiento acumulado.
Estos son algunos de los síntomas visibles, pero también hay una fuerza más profunda e invisible actuando detrás de cada acto de maldad.
En el último libro de la Biblia, Juan describe una visión que recibió del Señor sobre el origen del mal:
“El gran dragón… esa serpiente antigua que se llama diablo o Satanás… fue lanzado a la tierra” (Apocalipsis 12:9).
Según las Escrituras, el maligno es un ángel que se rebeló contra Dios y quiso ocupar el primer lugar entre los seres celestiales. Fue derrotado y arrojado a la tierra. Ahora está decidido a “engañar al mundo entero” (Apocalipsis 12:9) y “lleno de furia, porque sabe que le queda poco tiempo” (Apocalipsis 12:12).
El diablo ha estado detrás de toda esta maldad desde el principio. Es el autor del mal. La fuerza espiritual que inspira la destrucción visible.
¿Cómo logra el diablo provocar tanta maldad?
Él es un mentiroso. Miente sobre la bondad de Dios y sobre las bendiciones del arrepentimiento y la fe. Su mentira favorita es avivar las llamas del resentimiento, la injusticia percibida, la envidia y el sentimiento de derecho.
Lo ha hecho desde el principio.
Le susurró a Eva en el jardín del Edén: “Dios te está ocultando algo bueno.”
Le susurró a Caín, el primer asesino: “Tú mereces más. Tu hermano Abel arruina tu vida.”
Y hoy nos susurra a nosotros: “Tienes que tomar el control por tu cuenta.”
En todos los casos, las personas creen esas mentiras. Piensan que todos sus problemas vienen de afuera —de otras personas o circunstancias— y creen que si eliminan esos “problemas”, su vida tendrá sentido.
Pero no ven que su mayor enemigo está dentro de ellos mismos.
¿Qué podemos hacer para vencer la obra del diablo?
Primero, debemos estar atentos a las personas a nuestro alrededor que pueden estar cayendo en sus mentiras.
¿Notas cuando alguien se aísla?
¿Cuando empieza a llenarse de odio o resentimiento?
¿Cuando adopta ideas destructivas?
Da el paso de acercarte. Pregunta, escucha, ofrece ayuda o recursos. Busca apoyo de las autoridades, líderes espirituales o profesionales. Haz todo lo que esté a tu alcance para promover la conexión y la paz.
Pero el diablo no solo actúa en la vida de otros; también toca la nuestra. El pecado está a la puerta de todos.
¿Puedes reconocer las semillas de envidia o resentimiento en tu corazón?
¿Puedes distinguir la voz de Satanás cuando te susurra mentiras de orgullo o venganza?
Cuando te das cuenta de eso, ¿qué puedes hacer?
En Apocalipsis, el mismo pasaje que describe el poder del diablo también nos da la clave para vencerlo:
“Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio” (Apocalipsis 12:11).
En otras palabras, vencemos al maligno cuando confiamos en el perdón que nos da el sacrificio de Jesús y cuando compartimos con valentía nuestra fe.
En la cruz, Jesús aplastó la cabeza del diablo. Su obra nos da perdón completo, paz y la fuerza para decirle no al pecado. Satanás ya no tiene poder sobre nosotros.
Mantén la esperanza
Las noticias constantes de violencia son emocional y espiritualmente agotadoras. Parece que el mal está ganando.
Pero Dios sigue obrando: transforma el mal en bien, hace justicia y expande su reino.
Así que, en lugar de dejarnos atrapar por el miedo o el resentimiento, llenémonos de gozo y alabanza.
Nuestro Dios aún reina. Él juzgará toda maldad.
Y pronto vendrá para hacer nuevas todas las cosas.
Mantente alerta ante el mal, tanto en el mundo como en tu propio corazón.
Reconoce la mentira. Habla la verdad. Aférrate a Jesús… y haz el bien.