Odio tomar decisiones grandes en la vida. Ya sabes, ese peso de tener que elegir entre una cosa u otra —carrera, relaciones, dónde vivir, dinero, valores— ya es pesado de por sí, pero lo que más odio de estos momentos es que hay muchas respuestas correctas. En estos casos —cuando ambas opciones que tienes enfrente probablemente podrían funcionar—, ¿cómo sabes cuál es la correcta?
Con tantas voces gritando en redes, en pódcasts, en todos lados, es difícil saber a quién hacerle caso cuando tienes que tomar una decisión importante. ¿Quién tiene la razón? ¿Quién está mal? ¿Qué consejo es bueno y cuál es pura basura? ¿Cómo distingues?
Ha habido un par de momentos en mi vida en los que desesperadamente quería la respuesta verdaderamente “correcta”, en lugar de tener que descifrar mil posibles resultados —como cuando estaba pensando en terminar con mi novio o cuando dudaba si debía cambiarme de universidad—. En esos momentos, fantaseaba con tener un libro de “elige tu propia aventura” pero hecho justo para mi situación, donde pudiera ver qué pasaría con cada decisión antes de tomarla. O, mejor todavía, un libro que simplemente me dijera la verdad absoluta, sin rodeos. En ambos momentos, oré algo así: “Dios, ni siquiera necesito un libro entero. ¡Con un folleto me conformo! Solo dame algo con todas las respuestas. Quiero saber qué es lo correcto”.
Y en ambas ocasiones terminé recordando algo que se me olvida seguido: “¡Pues obvio! Dios ya me dio un libro gigante con todas las respuestas que podría necesitar: la Biblia”.
Dios está en todas partes y en todo, pero hoy no nos habla directamente como le hablaba a los profetas hace miles de años (en el Antiguo Testamento, por si quieres leerlo). Nosotros podemos hablarle a Dios en oración, lo cual está increíble, pero no es como una llamada de FaceTime (como yo desearía). Sin embargo, si de verdad quieres escuchar a Dios, si quieres respuestas a las preguntas grandes de la vida, como “¿cuál es mi propósito?", y a las pequeñas también, como "¿debería hacer esta inversión?”, todas las respuestas están en la Biblia. Como dice 2 Samuel 22:31: “El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable. Escudo es Dios a los que se refugian en él”. Y en 2 Pedro 1:20-21: “Ante todo, tengan muy presente que ninguna profecía de la Escritura surge de la interpretación particular de nadie. Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo”.
En la Biblia vemos que el mundo entero fue creado con la palabra de Dios (Génesis 1-2). Ahí encontramos la verdad de cómo los humanos la regaron (pecaron) y merecían ser separados de Dios para siempre, pero, aun así, Dios nos amó tanto que envió a su Hijo, Jesús, a sacrificarse por nosotros (Romanos 3:23-26). En la Biblia vemos que cada promesa que Dios hizo a lo largo de miles de años se cumplió exactamente como dijo, y esto está comprobado histórica y arqueológicamente. En la Biblia vemos el beneficio real: nuestros pecados son borrados y el cielo es nuestro hogar al final de esta vida, todo por gracia, a través de la fe en Cristo. La Palabra de Dios tiene de todo: historias, canciones, giros inesperados, parábolas y momentos con los que te vas a identificar —tristeza, alegría, sabiduría—. Cada palabra de la Biblia fue puesta ahí con un propósito por el Autor mismo, ¡y cada sílaba es para ti! (Sí, hasta los capítulos que cuestan trabajo entender: me refiero a Ezequiel y Levítico.)
Dios sabe muchísimo más que nosotros, y aunque en esta vida solo sabemos lo que él decide mostrarnos, nos dejó un libro con todo lo que necesitamos saber. Literal, tenemos un libro gigante con todas las respuestas.
No te voy a mentir: no puedo prometerte que la Biblia te va a decir con quién salir, a qué ciudad mudarte o a dónde irte de vacaciones. Pero sí te puedo prometer que, si haces el hábito de leerla todos los días, vas a crecer en tu fe. Vas a tener paz sabiendo que las preguntas de tu vida —las pequeñas y las gigantes— ya tienen respuesta en Dios. Y vas a crecer en sabiduría. La Biblia es el único lugar donde vas a encontrar la verdad absoluta, punto. En cada prueba y cada logro de tu vida, ve directo a la fuente —la Biblia— y di lo que dijo nuestro Salvador: “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Juan 17:17).