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Time of Grace en Español

A veces, tu única tarea es estar presente

Una querida pareja de nuestra congregación me había invitado a asistir y ser testigo de la adopción de sus dos hermosos hijos. Llevaban más de un año acompañando a estos niños, reuniéndose con trabajadores sociales y con los padres biológicos. Habían pasado por evaluaciones, capacitación y ahora estaban listos para firmar los papeles y asumir la responsabilidad de ser padres de estas preciosas vidas.

Pero, como suele pasar, yo iba tarde. Cuando llegué al tribunal, las puertas ya estaban cerradas y había un letrero que decía: “Audiencia en curso. Mantenga silencio. No entrar.”

La ceremonia de adopción duró solo unos minutos… y me la perdí. Era un momento lleno de significado, y yo me quedé afuera.

Algo parecido puede pasarnos a todos en esta época del año. Hay un evento —algunos lo llamarían una ceremonia— en el que nuestra tarea es simplemente estar presentes. Pero muchas veces nos perdemos el momento o, incluso si estamos ahí, no comprendemos su significado.

¿De qué estoy hablando?

Del Domingo de Ramos.

Es un evento que ocupa menos de media página en mi Biblia.

El evangelista Marcos nos da un resumen sencillo de lo que ocurrió (Marcos 11:1–11):

  • Jesús les dice a sus discípulos que busquen un burrito.

  • Jesús entra en Jerusalén montado en él.

  • La gente se inclina y lo alaba.

  • Y luego… continúa su camino.

Todo sucede tan rápido que podríamos no darnos cuenta de lo que Dios está haciendo.

Este breve texto no puede explicar todo lo que ocurre cuando Jesús entra en la ciudad santa de Jerusalén. Pero déjame darte una idea.

Durante siglos, el pueblo de Dios había estado esperando… a un Rey que finalmente pondría todo en orden. Un Rey que no solo vencería a sus enemigos, sino que arreglaría lo que estaba roto dentro de ellos.

Parecía demasiado bueno para ser verdad, pero eso era exactamente lo que Dios había prometido a través de sus mensajeros por generaciones.

Y entonces llegó el día en que ese líder prometido entró en Jerusalén. Su medio de transporte no se parecía en nada a una caravana presidencial. El burrito en el que iba era más como viajar en un carro sencillo… y eso fue intencional. Eligió un animal humilde para estar al nivel de la gente. Tan cerca que podían tocarlo.

Algunos parecían entender, al menos en parte, lo que Jesús estaba haciendo, porque comenzaron a alabar y a gritar las palabras de los Salmos: “¡Hosanna!”, que significa: “¡Señor, sálvanos!”

Extendieron sus mantos en el camino, como si estuvieran desplegando una alfombra roja. Agitaban ramas de palma como si él fuera un Rey guerrero, digno de toda su adoración.

Hicieron lo que pudieron con lo que entendían. Pero muchos no lograron comprender completamente el significado de ese momento.

Pero nosotros sí podemos.

Tenemos el privilegio de ver toda la historia de Jesús. Podemos ver que ese breve recorrido hacia Jerusalén conducía a eventos mucho más importantes: la cruz y la tumba vacía, donde Jesús traería justicia y salvación no solo para una nación, sino para todas las personas de todos los tiempos.

Por eso nos hacemos presentes en el Domingo de Ramos. Aunque es un evento que dura solo unos minutos, queremos ver lo que él está haciendo por nosotros. Él no nos pide ayuda ni participación. Quiere que estemos ahí, que experimentemos su valor eterno.

A veces, nuestra única tarea es estar presentes.