Cada vez que mi esposo y yo viajamos fuera del país, hay algo que me llama la atención porque cruza todas las barreras culturales: el grafiti. Está en todos lados. En cada país que he visitado, en cada idioma. Paredes de la ciudad. Puentes. Trenes. Laderas de montañas. Hasta los árboles de los parques tienen tallado el amor eterno de alguna pareja, con su corazoncito y todo.
Pero… ¿por qué? ¿Por qué rayamos monumentos y hasta la naturaleza con nuestros garabatos? Creo que es porque queremos que el mundo sepa que "[tu nombre] estuvo aquí". Creo que todos queremos dejar una marca, una prueba de que pisamos esta tierra. De que pasamos por aquí. De que amamos aquí. De que de verdad vivimos y dejamos un legado, aunque sea en el puente de una avenida.
No es algo pasajero como el grafiti
Dejar algo que pruebe que existimos nos importa muchísimo. En el fondo sabemos que estamos en esta tierra por poco tiempo, y nos da miedo que nadie nos recuerde. Que nuestros logros, nuestras historias, nosotros mismos… se olviden. Por eso tallamos nuestras iniciales en madera, metal o piedra. Anhelamos algo que dure, algo con sentido. Fuimos hechos para algo más grande que este mundo pasajero.
Dios nos creó para sentir justo eso, y todo el tiempo nos señala lo que dura y lo que tiene sentido, lo profundo y lo hermoso:
Los cielos cuentan la gloria de Dios; la expansión proclama la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día; una noche a la otra comparte sabiduría. Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible, por toda la tierra resuena su eco; sus palabras llegan hasta los confines del mundo (Salmos 19:1–4).
Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa(Romanos 1:20).
Dios estuvo aquí. Dios está aquí. Su marca —su legado— se nota en paisajes por todo el mundo. A esto se le llama el conocimiento natural de Dios. Nuestro Padre celestial nos creó con un anhelo profundo de algo más, de algo eterno.
El grafiti de Jesús
Pero aquí viene lo increíble: Dios no solo creó todo y se fue. Cuando nosotros arruinamos esta creación perfecta, Él ya tenía un plan para rescatarnos. Envió a su Hijo. Jesús entró en el tiempo y el espacio, y dejó una marca mucho más grande que cualquiera de nuestros pobres garabatos.
Jesús vino a vivir una vida perfecta aquí. Murió en una cruz por nuestros pecados y escribió su nombre en nuestro corazón. Nos reclamó como suyos. Apocalipsis 22:4 dice que "lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente". Jesús no talló sus iniciales en un puente de Jerusalén. ¡Puso su sello en nosotros! Para marcar que estuvo aquí. Para dejar un legado eterno en nosotros. Para cambiar nuestro corazón y hacernos sus hijos amados.
En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria(Efesios 1:13–14).
El apóstol Pablo escribió estos versículos casi sin tomar aire. Y son apenas el final de una de las oraciones más largas de cualquier carta… demasiado larga para escribirla de grafiti en un puente. No podía soltar la pluma porque esto era demasiado importante: fuimos marcados en Cristo con un sello, algo que un rey haría para comprobar que estuvo ahí y que Él es quien declara la verdad. Esto es real. Somos hijos legítimos de Dios. Somos suyos.
Deja tu propio grafiti
Ahora nosotros también podemos dejar nuestra marca aquí. Podemos señalar a otros hacia Cristo, dejar un legado contándoles de su amor y pasárselo a nuestros hijos y a nuestros nietos.
Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades (Deuteronomio 6:6–9).
¡Tenemos permiso de hacer grafiti en todos lados! De contarles a otros que Jesús estuvo aquí. Que Dios está aquí. Lo vemos a nuestro alrededor y en su Palabra. Y no podemos quedarnos con esto para nosotros solos. Deja tu marca.