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Jesús te hace verdaderamente grande

Escrito por Aaron Schultz | Feb 3, 2026 7:11:05 PM

¿Qué significa ser verdaderamente grande? Si lo buscáramos en el diccionario, diría que la grandeza es la cualidad de ser excepcionalmente superior, importante o extraordinario. Esa definición puede aplicarse a muchas cosas. Un rascacielos puede ser “grande” por su altura. Un equipo puede ser grande por su racha de victorias. Una persona puede ser considerada grande por superar obstáculos o por ocupar una posición de poder.

Todos queremos ser vistos como grandes de alguna manera. Pero la grandeza no se ve igual para todos. Tal vez para ti signifique que muchas personas te admiren, o simplemente que tu familia y tus amigos se sientan orgullosos de ti. O quizá, siendo honestos, ahora mismo no te sientes grande en absoluto. Y justamente por eso es tan reconfortante recordar lo que Jesús nos enseña: nuestras circunstancias —de dónde venimos, dónde vivimos o qué oportunidades hemos tenido— no determinan nuestra verdadera grandeza.

Un hombre en la Biblia que necesitaba escuchar esto era Juan el Bautista. Dios lo había apartado para una misión especial: anunciar la llegada del Salvador y preparar el camino para él. Muchas personas se arrepintieron de sus pecados y fueron bautizadas gracias al mensaje que Juan predicaba. Pero aun así, Juan tuvo dudas.

Juan hizo todo lo que Dios le pidió. Y su fidelidad lo llevó… a la cárcel. Sus circunstancias inmediatas lo hicieron cuestionar si Jesús realmente era el Salvador prometido. Por eso, Juan envió a algunos de sus seguidores a preguntarle a Jesús:

“¿Eres tú el que había de venir, o debemos esperar a otro?” (Mateo 11:3).

Satanás tiene una forma muy astuta de engañarnos, haciéndonos creer que lo que estamos viviendo ahora es todo lo que existe. Cuando las cosas van bien, es fácil agradecer a Dios. Pero cuando la vida se complica, también es fácil —y a veces aún más— dudar de su bondad. Cuando fijamos nuestra mirada solo en lo que va mal, esas situaciones nos encadenan a una prisión de dudas. Nos distraen de quién es realmente Jesús y de lo que vino a hacer.

Cuanto más difíciles se vuelven nuestras circunstancias, más fuerte trabaja el enemigo para sembrar la pregunta: “¿De verdad vale la pena seguir a Jesús?”

Pero Jesús es más grande que cualquier cosa que enfrentemos. Él viene a calmar nuestros temores y a disipar nuestras dudas. Para darle a Juan la seguridad que necesitaba, Jesús le dio pruebas claras de que él era el Salvador prometido:

“Los ciegos reciben la vista, los cojos caminan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia” (Mateo 11:5).

El encarcelamiento injusto de Juan no impidió que Jesús siguiera haciendo nuevas todas las cosas, restaurando lo que el pecado había roto. Y cuando Jesús mismo fue arrestado, eso tampoco detuvo su obra. Con su muerte en la cruz y su resurrección, rompió para siempre las cadenas del pecado y de la muerte.

¡Eso es lo que te hace verdaderamente grande!

Tu grandeza no viene de lo que logras, sino de Aquel que ya lo hizo todo para salvarte. No tienes que demostrar nada en el reino de Dios. Jesús ya te ha declarado grande ante los ojos del Padre. Tu vida es prueba viva de la salvación que él ganó para todo el mundo.

Cuando dudes, vuelve a la Escritura y recuerda todas las veces que Dios ha cumplido fielmente sus promesas. Es como si Jesús te tocara el hombro y te recordara, día tras día, quién eres en él.