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Time of Grace en Español

Haz espacio para amistades que perduren

Haz espacio para amistades que perduren

Si has visto la película The Sandlot, sabrás un poco cómo fue mi infancia. Crecí en una calle sin salida llena de chicos. Pasábamos los veranos montando bicicleta hasta la tiendita del barrio para comprar dulces Swedish Fish y luego íbamos a la casa del vecino para jugar béisbol en el patio.

En esos días, la amistad surgía con facilidad.

No fue muy diferente en la secundaria o la universidad. Cuando estás rodeado de personas en el mismo lugar y con metas similares, hacer amigos no requiere demasiado esfuerzo.

Incluso cuando mi esposa y yo comenzamos nuestra familia en Orlando, hicimos amistades rápidamente. Vivíamos en un vecindario encantador lleno de familias jóvenes, muchas provenientes del Medio Oeste. Cada tarde caminábamos alrededor del estanque del vecindario con nuestros hijos pequeños, atentos a algún caimán que asomara en el agua.

Pero ahora, como hombre de mediana edad en los suburbios de Milwaukee, me ha costado hacer amigos. Cuando regresamos al sureste de Wisconsin hace seis años, noté un ambiente diferente. Muchas familias parecen haber cambiado la cercanía relacional por la excelencia profesional. Si no están trabajando largas jornadas, están llevando a sus hijos a entrenamientos intensivos para que puedan entrar en los equipos más competitivos.

Mi familia también se ha subido a esa carrera. En la iglesia donde sirvo, he comenzado más programas e iniciativas, lo que genera más ocupaciones para todos. Y cuando no estoy en la oficina, soy el “Uber” de mis hijos adolescentes. A veces sentimos que vamos detrás de las expectativas deportivas de nuestra comunidad, intentando ponernos al día.

Mi vida se ha convertido en una gran inversión en logro, eficiencia y optimización. Nada de eso es malo en sí mismo. Pero muchas veces tiene un costo alto: la conexión profunda con otro ser humano.

Y siendo honesto, me he sentido bastante solo. Tal vez no siempre he identificado esa sensación persistente de aburrimiento o leve tristeza como soledad. Pero cuando logro reconectarme con algunos amigos, recuerdo una de las verdades más antiguas y vigentes de la Escritura:

“No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18).

Hoy la amistad ya no parece algo automático. Mi esposa y yo hemos entendido que requiere intención y compromiso. Como con tantas cosas en la vida, necesitamos planear y decidir priorizar la comunidad.

¿Qué se necesita para hacer y conservar un amigo?

La amistad comienza cuando al menos dos personas comparten un interés, una actividad o un camino. C. S. Lewis dijo:

“La amistad nace en el momento en que una persona le dice a otra: ‘¿Qué? ¿Tú también? ¡Pensé que era el único!’”

Por eso, al buscar nuevas amistades, prestamos atención a personas con intereses en común.

Iniciar una amistad es una cosa; sostenerla requiere confianza y compromiso. Proverbios dice:

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia” (Proverbios 17:17).

Conservar una amistad implica sacrificio y presencia. Podemos imaginarlo como una “cuenta bancaria de amistad”, donde hacemos depósitos que fortalecen el vínculo: una llamada en un momento importante, asistir a un funeral cuando pierden a alguien querido, aparecer cuando más se necesita.

Como todos luchamos con el egoísmo, debemos asumir que en algún momento nos fallaremos. Y cuando eso ocurra, necesitamos apoyarnos en nuestra fe para:

“Ser bondadosos y compasivos unos con otros, perdonándonos, así como en Cristo Dios los perdonó a ustedes” (Efesios 4:32).

Nuestra experiencia con Jesús nos impulsa a extender gracia cuando una relación necesita reparación.

Además, aunque las amistades cambian según las etapas de la vida, Jesús sugiere que pueden trascender esta vida. Después de contar la historia de un administrador astuto, dijo:

“Usen las riquezas de este mundo para ganar amigos, para que cuando estas se acaben, los reciban en las moradas eternas” (Lucas 16:9).

Según Jesús, nuestros amigos formarán parte del comité de bienvenida cuando entremos en la gloria. Eso significa que, aunque hoy no mantengamos contacto con todos, en Cristo cada amistad tiene potencial eterno.

Vale la pena el esfuerzo

Cuando Jesús vino a transformar el mundo, no escribió un libro ni fundó una organización. Formó amistades. Se comprometió con ellas y dependió de ellas en sus momentos más difíciles.

Si eso fue cierto para el Hijo perfecto de Dios, ¿qué significa para nosotros?

Debemos priorizar nuestras relaciones. Como escribió Pablo:

“Lo único que realmente cuenta es la fe que actúa mediante el amor” (Gálatas 5:6).

Al final, lo que importa es una fe que se exprese en amor hacia los demás.

Tal vez lo más significativo que puedes hacer hoy no es añadir otra tarea a tu agenda, sino hacer espacio para una relación importante, dándole lo mejor de tu tiempo, tu presencia y tu gracia.