Cada vez que veo a mi familia o mis amigos subir fotos de vacaciones a las redes, se me activa el modo viajero automáticamente. Y de ahí paso directo a planear todo. Veo una foto de las montañas y ya estoy buscando vuelos baratos a las montañas Rocosas. Si mi esposa menciona que quiere volver al oeste, ya estoy armando un viaje por carretera de un mes completo por todos los parques nacionales que se puedan. Si unos amigos que no veo hace rato me escriben, ya estoy pensando cómo convertir esa visita en toda una aventura.
Y luego llega la realidad y me bajo de mi nube. Sin un plan real, esos sueños de viaje no duran ni cinco minutos. ¿Cuánto tiempo nos vamos a ir? ¿Dónde nos quedamos? ¿Quién se queda con el perro? ¿Cómo nos movemos allá? ¿Nos dan permiso en el trabajo? ¿Cuánto tenemos de presupuesto? ¿Y si algo cambia a última hora?
Antes de poder disfrutar algo como un viaje familiar, hay que preparar un montón de cosas primero. Y aunque todo ese trabajo pasa detrás de cámaras, no por eso es menos importante. Una película no se disfruta sin decenas de personas haciendo que todo funcione detrás de escena. Un rascacielos no se sostiene sin unos cimientos bien sólidos. Hasta tu propio cuerpo está haciendo cosas increíbles ahorita mismo sin que te enteres, hasta que algo falla.
Dios funciona muy parecido. Muchas de sus obras más grandes pasan detrás de escena, sin que nos demos cuenta. Esa oportunidad que se te fue un día, tal vez después resulte que Dios te estaba protegiendo o llevándote a algo mejor. Esa llamada que te llegó justo a tiempo, puede ser la manera en que Dios te sacó de una depre. Ese acto inesperado de bondad que alguien tuvo contigo, puede ser su forma de recordarte quién eres y cómo te llama a vivir.
¿Alguna vez has querido meterte a la mente de Dios? ¿Te has preguntado por qué hace las cosas como las hace? Estaría increíble poder tener un adelanto de lo que Dios ya tiene planeado para nosotros. Pero honestamente, aunque pudiéramos verlo, probablemente ni lo entenderíamos, o hasta le diríamos que no. Dios nos lo dice bien claro: "Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos... Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes, más altos que los cielos sobre la tierra" (Isaías 55:8-9).
Aunque no veas lo que Dios está haciendo, Él sigue trabajando. Siempre está moviendo las cosas a favor de los que lo aman: guiando situaciones, abriendo y cerrando puertas, formándote poco a poco en la persona que te llamó a ser. Sus planes le ganan a los nuestros porque Él ve todo lo que nosotros no podemos ver.
Dios no te pide que le entiendas todo. Solo te pide que confíes en Él. “Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas” (Proverbios 3:5-6).
Tal vez no veas clarísimo cómo Dios está trabajando en tu vida, cómo está haciendo crecer tu fe o cómo está respondiendo tus oraciones, pero con el tiempo vas a ver los resultados de todo ese trabajo que no se ve. Cuando mires atrás a una etapa difícil, vas a poder decir "wow, cómo me sostuvo Dios en todo esto". En momentos difíciles —física, emocional o espiritualmente— Dios te da paz, sabiduría y fuerza que aprendes a valorar de verdad después de haberlos vivido. Un día vas a poder mirar atrás y ver que cada detalle invisible era parte de su plan perfecto. Mientras tanto, camina con fe, con la certeza de que el Dios que trabaja detrás de escena nunca deja de trabajar por ti.