Saltar al contenido
Time of Grace en Español

Cómo compartir el evangelio cuando no te sientes capacitado

¿Cómo compartes el evangelio cuando no te sientes capacitado? Lo haces de todos modos. Dios no espera a que te ganes la tarea para encomendártela. Él capacita a quienes llama.

Una de las excusas más comunes que ponemos a la hora de compartir el evangelio es que no nos sentimos capacitados. Quizás pensemos:

  • No sé lo suficiente de la Biblia.
  • No soy bueno para hablar.
  • Alguien más lo haría mucho mejor que yo.

Una y otra vez, la Biblia nos recuerda que Dios no nos llama porque estemos capacitados. Más bien, Él capacita a quienes llama por medio de su Palabra y nos da todo lo que necesitamos para compartir las buenas noticias. No tenemos que demostrar que estamos capacitados porque, por medio de Cristo Jesús, ya lo estamos.

Jesús capacita a quienes llama. Entonces, ¿quién está capacitado para compartir el evangelio?

Cuando lees los evangelios, ¿te has fijado en quiénes llamó Jesús para que lo siguieran? No llamó a personas con una amplia formación religiosa, muchos estudios o credenciales impresionantes. Más bien, llamó a personas comunes y corrientes, como Pedro, un simple pescador, para que compartieran con otros las buenas noticias de la salvación. Incluso llamó a personas con historias complicadas, como Mateo, el cobrador de impuestos, para que fueran sus discípulos más cercanos.

Jesús no esperó a que estas personas fueran perfectas para llamarlas. No les dijo que primero pusieran su vida en orden, aprendieran todo lo que había que saber y volvieran cuando estuvieran listas. Las llamó a seguirlo, a aprender de Él y, con el tiempo, a ir y hablarles a otros de Él. No fueron escogidas porque tuvieran todas las respuestas. Fueron escogidas porque Jesús tenía un mensaje para que ellas lo compartieran.

¿Vives siendo tú mismo o para ti mismo?

Eso plantea una pregunta importante: ¿puedes seguir siendo tú mismo mientras compartes las buenas noticias de Jesús? La respuesta depende de si vives siendo tú mismo o para ti mismo. Ser tú mismo no significa seguir cada uno de tus deseos. Significa permitir que Cristo restaure a la persona que Él quiso que fueras al crearte.

La Biblia pinta un retrato honesto de cómo somos los seres humanos. Si nos dejan a nuestra suerte, preferimos buscar la comodidad antes que el sacrificio, el orgullo antes que la humildad y nuestros propios deseos antes que la voluntad de Dios. Jeremías, un profeta del Antiguo Testamento, escribe: “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio” (Jeremías 17:9). Esa verdad no busca dejarnos sin esperanza; busca ayudarnos a ver que el problema no es simplemente que nuestro corazón no sea confiable. Necesitamos algo fuera de nosotros mismos que nos dé un corazón nuevo y una nueva dirección.

¿Seguir a Jesús significa renunciar a tu personalidad?

Jesús nos da esa nueva dirección cuando declara: “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga” (Lucas 9:23). A primera vista, eso suena desalentador. ¿Quiere decir Jesús que tienes que renunciar a tu personalidad, a tus intereses o a las cosas que te hacen único? Para nada. A Dios no le interesa borrar a la persona que Él creó en ti. Le interesa restaurar a la persona que el pecado ha distorsionado.

Piensa en una pintura cubierta por años de suciedad. La suciedad no es parte del diseño, así que, al restaurar la pintura, se revelan su verdadera belleza y su propósito. Limpiarla deja ver lo que siempre estuvo ahí. De la misma manera, la obra de Dios en nosotros no consiste en reemplazar su creación. Consiste en quitar lo que el pecado ha cubierto para que su obra brille con más claridad en nosotros.

Vemos esta transformación a lo largo de las Escrituras. El pasado de Mateo como cobrador de impuestos no lo descalificó para servir a Jesús. Más bien, Jesús lo llamó a dejar su vida anterior y le dio un nuevo propósito: usar sus dones para escribir el Evangelio de Mateo. Tampoco se le quitó a Pedro su audacia, aunque muchas veces la dirigía mal. Por medio de Cristo, esa audacia se encauzó hacia un liderazgo valiente.

Eso es lo que hace el Espíritu Santo. No solo nos enseña a portarnos mejor. Nos da una nueva identidad. El apóstol Pablo escribe: “Si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17). Seguir a Jesús no significa convertirte en una copia exacta de otra persona. Dios no necesita otra versión de alguien más. Él te llama a seguir a Cristo con la personalidad, las experiencias, los dones y las relaciones que te ha dado, mientras permites que su Espíritu transforme la manera en que los usas.

A quién acudir cuando intentas ser alguien que no eres

Esto no significa que no vayas a tener momentos en los que quieras salirte con la tuya más que hacer la voluntad de Dios. Incluso Pablo describe esa lucha en Romanos capítulo 7, donde admite que a veces hace justamente lo que detesta. Pero la vida cristiana no se trata de fingir que esa lucha no existe. Se trata de saber a dónde llevarla.

Cuando fallas, estás invitado a llevar tus fracasos a Jesús, quien ya los cargó hasta la cruz. Su perdón no está reservado para los momentos en que por fin haces todo bien. Es el regalo que Él da gratuitamente a quienes confían en Él.

¿Tienes que compartir el evangelio igual que todos los demás?

Esa es la belleza del llamado de Jesús. Sin importar cuáles sean tus dones, el mismo Espíritu te da poder. Dios no les pide a todos los cristianos que compartan el evangelio de la misma manera. A la persona extrovertida quizás le salga natural iniciar conversaciones. La persona compasiva quizás escuche a alguien que está sufriendo. El amigo callado quizás se gane la confianza de otros a lo largo de años de amistad fiel. Distintas personas, distintos dones, un mismo evangelio. Pablo nos recuerda en Romanos 1:16: “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen”. Fíjate de dónde viene el poder. No viene de tu personalidad, de tu capacidad para hablar ni de cuánto sabes de la Biblia. El poder le pertenece a Dios.

¿Qué puedes hacer con esta transformación que trae el evangelio?

Jesús llama a personas comunes y corrientes para llevar un mensaje extraordinario. A veces, lo único que se necesita para compartir ese mensaje es estar dispuesto a dar el primer paso. Puede significar sentarte junto a un compañero de trabajo, hablar con un vecino al que ves todas las mañanas, tomarte un café con tu sobrina o acercarte a un desconocido con el que te cruzas. Quizás no necesiten a alguien que lo tenga todo resuelto. Quizás solo necesiten a alguien dispuesto a ir.

  • Ve y escucha a alguien que está sufriendo.
  • Ve y cuéntale a alguien lo que Jesús significa para ti.
  • Ve y guía a alguien hacia la cruz.