Time of Grace en Español | Blogs

Caminando con Dios (y mi esposa y mi perro)

Escrito por Pastor Ben Sadler | Jun 18, 2026 2:37:42 PM

Después de veinte años de matrimonio, mi esposa y yo finalmente hemos encontrado el ejercicio que disfrutamos hacer juntos: caminar con nuestros chalecos pesados. Nos parece la actividad perfecta para nosotros. Al caminar juntos, nuestros cuerpos resuenan como dos cuerdas afinadas en el mismo tono. Y a nuestro perro no le molesta hacer más ejercicio.

Caminar se siente tan natural. De hecho, me atrevería a decir que es el ejercicio más antiguo del mundo y el único que Dios mismo ha venido haciendo desde el principio de los tiempos.

Cuando lees las primeras páginas de la Biblia, la primera señal de que algo andaba mal fue que Dios se apareció en el jardín del Edén para su caminata matutina, “cuando el día comenzó a refrescar” (Génesis 3:8), y Adán y Eva estaban ausentes.

No estaban ahí porque se habían escondido, porque habían huido de Dios. La respuesta inmediata de Dios fue una pregunta llena de gracia, cuya respuesta Él ya sabía: “¿Dónde estás?” (versículo 9).

Dios ha seguido haciendo esa misma pregunta a todos los que ha creado. Él desea que todos volvamos a Él en fe por el poder del Espíritu Santo. A lo largo de la historia, muchos lo han hecho.

Algo de la paz del Edén se recuperó cuando los primeros descendientes de Adán —hombres de la Biblia como Enoc y Noé— “caminaron con Dios”.

En el Nuevo Testamento, Jesús caminó por el mar de Galilea e invitó a algunos pescadores a caminar con Él. Tiempo después, el apóstol Pablo les rogó a los seguidores de Jesús: “Vivan por el Espíritu” (Gálatas 5:16); y, puesto que hemos sido vivificados en el Espíritu, se nos exhorta: “Andemos guiados por el Espíritu” (Gálatas 5:25).

Entonces, ¿qué significa esto para nosotros hoy?

Pues bien, podríamos tomar toda esta enseñanza de las Escrituras de manera literal. Tal vez empecemos, de verdad, a caminar con Dios en oración. La práctica de la “caminata de oración” le da a mi mente el estímulo suficiente para sentirme sin distracciones y concentrado en lo que el Señor pueda estar diciéndome.

Otros podrían verlo como una metáfora de la vida. Caminar describe un ritmo de vida que es pausado pero productivo. Vamos a algún lugar con Dios, procurando sincronizar nuestros pasos con su dirección. Esto podría significar seguir los impulsos de nuestra conciencia para ver y amar a las personas que Dios ha puesto justo delante de nosotros. Podría significar abrir espacio para pedir la dirección de Dios al reunirnos con un compañero difícil en el trabajo.

Por último, es una imagen del regreso al paraíso, a un tiempo en que los seres humanos estaban en la presencia de Dios, colaborando con Él para llenar la tierra, gobernarla y hacer florecer toda su creación.

Fuera del Edén, lo mejor que podemos tener es un vistazo de lo que pudo haberse sentido en aquellos primeros días, y lo que volverá a ser después de que Jesús regrese.

Así que, hasta ese día, bajemos el ritmo lo suficiente como para caminar con Dios. Tomémonos el tiempo de encontrarnos con Él “cuando el día comenzó a refrescar”. Aquietemos nuestro corazón y nuestra mente para ser guiados por su sabiduría divina. Y cuando nos descubramos huyendo de nuestro Creador, oro para que escuchemos su invitación llena de gracia: “¿Dónde estás?”.