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3 formas de preparar a tus hijos para dejar el nido sin que  dejen su fe

Escrito por Missy Martens | Aug 27, 2026, 5:28:07 PM

Cuando tus hijos se van de casa: por qué se siente tan difícil

El otoño está en el aire. Las promociones de regreso a clases están por todos lados, anunciando cuadernos brillantes y esas carpetas super cool que mi mamá nunca me dejó comprar. Las fotos del primer día de clases de los hijos de tus amigos inundan tus redes sociales. Y tal vez este año se siente aún más real porque acabas de dejar a un hijo en el kínder. O en la universidad. O lo mandaste de mochilazo por el mundo en su año sabático. O lo ayudaste a mudarse a su propio departamento para su primer trabajo de verdad.

Mi hijo mayor se va mañana por todo el año, y aunque estoy muy emocionada por él, también tengo otros sentimientos más complicados. Los años pasan volando, y de repente estos pajaritos están dejando el nido seguro. Es cierto, algunos necesitan un empujoncito, pero otros se lanzan sin siquiera voltear atrás.

Tal vez acabas de mandar a tu primer hijo al preescolar. Tal vez todos los tuyos ya llevan años fuera de casa, y ahora ves a tus nietos encontrar su propio camino. Tal vez no tienes hijos, pero eres el tío o la tía divertida, o simplemente tienes muchos amigos con hijos. No importa en qué punto estés tú o tu familia, aquí hay algunas cosas buenas que puedes hacer para preparar a tus hijos, la próxima generación de polluelos.

3 formas de preparar a tus hijos espiritualmente antes de que se vayan

1. Prepara su corazón con la Escritura

“Escucha, Israel: el SEÑOR nuestro Dios es el único SEÑOR. Ama al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:4–7).

Más importante que alimentar a tus hijos, más importante que asegurarte de que estén en el preescolar correcto o en la clase de baile o el equipo deportivo ideal, más importante que comprarles esos cuadernos de colores brillantes o carpetas modernas, es grabar la Palabra de Dios en su corazón. En cada momento del día, Dios quiere que lo amemos y que enseñemos a nuestros hijos a amarlo con todo su corazón, su ser y sus fuerzas.

En otras palabras, la Palabra de Dios no debería ser una parte pequeña de nuestro día, ni mucho menos de nuestra semana. Al contrario, debería estar presente en todo lo que hacemos: en las mañanas, en las comidas, en las conversaciones, en las caminatas, en los trayectos en carro, a la hora de dormir. Y nunca es tarde para empezar.

Este mandato en Deuteronomio, dado hace aproximadamente 3,500 años, fue un regalo de Dios para preparar a nuestros hijos a dejar el nido sin dejarlo a Él. Tenemos más o menos dieciocho años para asegurarnos de que nuestros hijos conozcan la Biblia y estén empapados de sus enseñanzas, antes de que se lancen de cabeza a un mundo lleno de todo tipo de otras enseñanzas.

Así como preparamos a nuestros hijos para manejar a velocidades que dan miedo en la carretera, así como los preparamos para exámenes importantes, así como les enseñamos buenos hábitos de higiene y modales en la mesa, así también debemos prepararlos para poder “responder” ante cualquiera que les pida explicar la razón de su esperanza (1 Pedro 3:15).

Si tus hijos no saben amarrarse las agujetas, siempre existe el velcro. Pero si no saben defender su fe, van a tropezar con esos cabos sueltos.

2. Ora por ellos todos los días

Bueno, tal vez no logré calmar tus miedos de enviar a tus hijos al mundo con el punto anterior. Tal vez hasta desperté nuevos miedos, porque quizás sientes que no los preparaste lo suficiente. Puede ser que nunca podamos prepararlos lo suficiente. Por eso te traigo el segundo punto: ora.

“Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14).

“Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y hallar la gracia que nos ayude oportunamente” (Hebreos 4:16).

“La oración del justo es poderosa y eficaz” (Santiago 5:16).

“No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6–7).

“Oren sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).

Ahí tienes cinco pasajes buenísimos sobre la oración. Pude haber puesto muchos más, porque los primeros cristianos necesitaban que se los recordaran, y nosotros también. A veces orar se siente inútil. O medio tonto. O como que hablas solo y nadie contesta. O de plano no sabes ni qué decir. Pero Dios quiere que le hables. No lo entendemos del todo, pero Él puede escucharnos a todos, a cualquier hora del día o de la noche.

Ahorita casi todas mis oraciones son por mis hijos, y la Biblia me asegura que Dios nunca se cansa de escuchar. Ora por tus hijos. Ora por sus futuros esposos o esposas. Ora para que encuentren buenos amigos. Ora para que descubran lo que de verdad los apasiona. Ora para que el Señor los cuide en este mundo tan grande y los mantenga cerca de Él. Y créelo: Dios te escucha y sí responde.

3. Recuerda que Dios es su mejor padre

Acuérdate de esto: Dios es mejor padre de lo que tú jamás podrías ser. Conoce a tus hijos incluso mejor que tú. Los estás mandando al mundo, y aunque estén lejos de ti, Dios tiene esa capacidad increíble de estar ahí, justo con ellos. En ese salón de clases. En ese cuarto de dormitorio en la universidad. En ese hostal en Portugal. En esa oficina de su nuevo trabajo. En su preocupación, en su indecisión, en esa falsa seguridad que a veces se cargan, en su nostalgia por casa. Él nunca los va a dejar ni a abandonar (Hebreos 13:5). Él cuidará su salida y su entrada (Salmos 121).

“¿Quién de ustedes daría a su hijo una piedra si él le pide pan? ¿O una serpiente si le pide un pescado? Pues, si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le pidan!” (Mateo 7:9–11).

Dios nos ha confiado a estos hijos, pero en realidad son sus propios hijos amados. Y Él es un buen Padre. Podemos recordar que Él puede protegerlos mucho mejor de lo que nosotros podemos, y que de alguna manera los ama incluso más de lo que nosotros los amamos.

Confiar en Dios con tus hijos cuando dejan el hogar

Mientras vivimos estas temporadas de soltar, preparar, orar y recordar, probablemente nunca dejemos de preocuparnos del todo. Nos tardamos tanto en construir estos nidos calientitos para que nuestra familia estuviera segura y bien cuidada. Pero, ya que andamos con esta metáfora de pájaros y nidos, tiene sentido volver otra vez al libro de Mateo, donde Dios nos recuerda que Él hasta cuida a las aves:

“Por eso les digo: no se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?” (Mateo 6:25–26).

Tus pajaritos están en buenas manos. Prepáralos. Ora por ellos. Y no se te olvide: Jesús los ama más de lo que tú jamás podrías, y murió para salvarlos de los errores que sin duda van a cometer en el camino. Sé su lugar seguro, escúchalos, ámalos, y señálales el camino hacia Dios. Y después... déjalos volar.